Conocer y recordar para no repetir: Campo de Gurs

Huesca, 20 de enero de 2017

Adentrarse en el hall del Centro Cultural Manuel Benito Moliner (antiguo Matadero) es conocer parte de la historia más reciente de algunos españoles y franceses. Un recuerdo que debe aflorar de nuevo para no repetir uno de los episodios más cruentos de España, su Guerra Civil, sus efectos y también sus represaliados que a día de hoy siguen luchando por mantener viva una historia que en la mayoría de los casos no está presente en los libros de texto.

Varios murales con fotografías en blanco y negro y escritos en francés ponen en el mapa de los oscenses el campo de concentración más importante del sur de Francia, “Gurs”. Su ubicación en el “Béarn” francés, a poco más de dos horas de la capital oscense, lo hace más cercano que aquellos más conocidos que están repartidos por las zonas más duras y angostas de la Alemania Nazi. No por ello éste contaba con mejores condiciones.

Su construcción se inició el 15 de marzo de 1939 a escasos 35 kilómetros de la frontera española. Su suelo arcilloso acogió la construcción de 380 barracas de 24 metros de largo por seis de ancho repartidas en 13 islotes cercados por alambradas que eran el único horizonte posible para los más de 60.000 prisioneros que pasaron por él hasta 1945. Se trató del campo más grande del sur de Francia con una capacidad para 18.500 individuos que desde el inicio fue insuficiente puesto que el hacinamiento, la insalubridad y la humedad eran los principales “enemigos” de sus “huéspedes” al margen del hambre, el frío, el hastío y la represión.

Un centro de internamiento para hombres y mujeres considerados como “indeseables” por el régimen de Vichy que en sus años de vida dio cobijo a 25.577 españoles republicanos, de ellos 6.555 vascos, muchos de ellos “gudaris”, que huyendo de las manos de la Guerra española cayeron en las redes de la represión francesa.

La Asociación Terres de Mémoire(s) et de Luttes de Oloron-Sainte Marie es la valedora de esta exposición que estará presente en Huesca hasta el día 24 de enero y también es la encargada de velar para que “Gurs” no caiga en el olvido. Uno de sus miembros, Raymond Villalba, visitó ayer la capital oscense para poner rostro a este capítulo histórico “por el que yo estoy en este mundo porque mis padres se conocieron allí. Mi madre provenía de Asturias y mi padre era vasco”, admitió Villalba en un correcto castellano.

El fin último de su visita no era otro que acercar la historia de Gurs a todos y en especial a los más jóvenes. Por ello y acompañado por el concejal de Cambiar Huesca, Luis Arduña, se reunió con los responsables de los departamento de Historia de varios institutos de la ciudad. El proyecto futuro es potenciar más visitas de los escolares al Campo de Gurs y la Estación de Olorón, un lugar simbólico dentro de esta tragedia. “Nuestra principal labor es trabajar con la juventud”, resaltó Villalba que admitía que su único empeño es sacar a la luz la historia y los nombres de aquellos que pasaron por Gurs.

Al respecto el concejal, Luis Arduña, remarcó la necesidad de hacer llegar al público en general este tipo de iniciativas para fomentar el recuerdo de lo que pasó “sobre todo para los más jóvenes lo conozcan”. Una idea compartida con Villalba que puso de relieve el trabajo que se viene realizando con Aragón a través de visitas a Gurs “donde puede conocerse la historia para que no se quede en el olvido”.

El punto y final a este “encuentro histórico” lo pusieron las palabras del propio Villalba tras el visionado del documental “Palabras de Gurs”, un largometraje de 54 minutos que recoge el testimonio de los que sí sobrevivieron a un capítulo de la historia que como el mismo “hijo de Gurs” señaló, “nos resistimos a olvidar”.

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