Política y participación ciudadana. Tú decides.

Luís Arduña Lapetra. Miembro de la candidatura de Cambiar Huesca
Luís Arduña Lapetra. Miembro de la candidatura de Cambiar Huesca

En los últimos años, coincidiendo con una cierta movilización social que cristalizó en el 15-M, se ha producido en general una “ciudadanitis” perniciosa y equívoca. Ha habido por parte de la práctica totalidad de fuerzas políticas una constante apelación a la “ciudadanía”, así, en abstracto, que ha llevado, incluso, a decir que el discurso político propio se limitaba a ser “lo que diga la gente”.

Me parece que es necesario acotar las cosas y, sobre todo, los conceptos, con el fin de que las propuestas políticas alcancen su auténtica dimensión y se conviertan en guías útiles para la actuación política y para la solución de los problemas a los que nos enfrentamos como colectivo. En ese sentido, desde Cambiar Huesca se reivindica a la ciudadanía no como un ente abstracto, supuestamente homogéneo y estructurado, sino como una cualidad a predicar de quienes integran la sociedad en la que vivimos y nos desenvolvemos; como una condición que caracterice al individuo como ser social y, más aún, como un sujeto que se informa y se forma, que analiza y reflexiona, que escucha y propone, que, finalmente, se solidariza y compromete con los demás en el desarrollo de la res publica, es decir, de lo que es de todos y de todas.

Una organización no es más ciudadana, ni tiene por ello más caché democrático, por decir que su propuesta política se limita a “lo que diga la gente”. ¿Qué pasaría si la “gente” dijera, por ejemplo, que la culpa de todo la tienen las personas inmigrantes? ¿O que hay que sacrificar la libertad frente a la seguridad? ¿O que lo público es ineficiente? ¿O que hay que desmantelar los mecanismos que aseguran la solidaridad social con las personas y colectivos más desfavorecidos? Evidentemente, Cambiar Huesca estaría enfrente de esas posiciones, no podría compartirlas y las combatiría con argumentos y razones no solo políticas, sino también éticas y sociales.

La “gente”, además, no es una categoría política, no tiene forma ni intereses definidos, no tiene conciencia de ser; está conformada por sujetos individuales con intereses diferentes, incluso contrapuestos, esencialmente personales y sin visión de conjunto; es un simple agregado, no un colectivo. Y, en ese sentido, cuando se trata de la elaboración y presentación de propuestas y modelos políticos, es necesario tener claros conceptos y convicciones construidos a partir de argumentos y razones, base fundamental a partir de la cual es posible dialogar, debatir y confrontar para, de forma democrática y comunitaria, elaborar discursos y soluciones integradoras. Y si lo emocional también tiene cabida en el ámbito político (para dar calor y color a las convicciones), lo que no debe permitirse en ningún caso en la participación política es la irracionalidad, es decir, la defensa de una posición política sobre el argumento del “porque sí, porque lo digo yo (o nosotros)”.

Desde la concepción de la ciudadanía como compromiso personal para con los demás es desde la que Cambiar Huesca hace su llamamiento a una efectiva y auténtica participación ciudadana. Una participación que se configura como un ámbito interactivo entre quienes representan y quienes son representados pero que, sin embargo, no renuncian a la toma de decisiones; una forma de estructurar permanentemente el diálogo y la puesta en común de valoraciones y propuestas para poder construir conjuntamente soluciones políticas, de manera que las mismas se sientan como propias por el mayor número de agentes sociales. Pero para que sea efectiva, para que sea factible y fructífera, es indispensable que se produzca una participación lo más amplia posible, sobre la base de una formación y una información necesarias, veraces y transparentes, asegurando los mecanismos precisos que garanticen que lo decidido de forma participada se lleva efectivamente a cabo.

Por ello (y para ello), las instituciones han de ser instrumentos de transformación y dinamización social y, en consecuencia, deben promover, facilitar y garantizar la participación responsable del conjunto social, de las personas que lo integran. Crean, así, un contrapoder que exija el cumplimiento de los fines perseguidos por esas instituciones, a la vez que contribuyen al diseño y puesta en marcha de las políticas públicas.

No se trata, por lo tanto, de una apelación gratuita a la participación: se convierte en exigencia de responsabilidad y transparencia para quienes representan al conjunto de sus vecinos y vecinas, al mismo tiempo que significa un compromiso – en tiempo y en trabajo – para las personas que quieren dejar de ser meras representadas y quieren convertirse en sujetos activos en la adopción de las decisiones que les afectan; es decir, para las personas que quieren ser, sin ninguna duda, CIUDADANÍA.

Solo con esa interacción, con la actuación colectiva y coordinada de todas las personas que quieren participar en la elaboración política, ya sea como representante, ya sea como representada, y siempre a partir de la honestidad y la libertad, será posible construir una mayoría social que tenga conciencia de su fuerza y de sus intereses, de lo que quiere y a lo que aspira, de forma que se convierta en la auténtica dirigente y protagonista de su propio destino.

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